jueves, 14 de agosto de 2014

Ética para 9°


¿Qué son los valores?


Objetivos:


*Uno de nuestros objetivos es brindarle ayuda a aquellos  

estudiantes de grado noveno en el área de Ética y valores  

cuando se les presentes dificultades en los distintos temas.


*Ademas de ayudar a estudiantes de grado noveno, la 

información podría ser de gran utilidad para estudiantes de  

otros grados o simplemente personas interesadas en el 

tema.


*Con nuestro temario y creatividad en el blogg, deseamos 

tener muchas visitas y por supuesto ser de gran utilidad en 

esta área.


*Como ultimo objetivo quisiéramos que si nuestro blogg les 

sirviera para resolver sus dudas e inquietudes, dejaran sus 

comentarios si desean dar su critica o ampliar algo del 

temario para seguir ayudando a mas personas.





Concepto de valores: 



Los valores son convicciones profundas de los seres humanos que determinan su manera de ser y orientan su conducta.


Características de los valores. 


-Durabilidad: los valores se reflejan en el transcurso de la vida.


-Integralidad: cada valor es una abstracción integra en sí mismo, no es divisible.


-Flexibilidad: los valores cambian con las necesidades y experiencias de las personas.


-Satisfacción: generan satisfacción a las personas que los practican.


-Polaridad: todo valor se presenta en sentido positivo y negativo; todo valor conlleva un contra valor.







A continuación vamos a ver algunos textos y cuentos que nos hablan de los increíble y bueno que es utilizar y aumentar el número de valores en nuestra vida.  



El periódico El País nos dice que: 


Ética en la escuela   

Formar ciudadanos responsables es el único modo de contar con buenos profesionales

Dicen algunos expertos en estos temas que las gentes formulamos juicios morales por intuición, que no tenemos razones y argumentos para defenderlos, sino que tomamos posiciones en un sentido u otro movidos por nuestras emociones. Tratan de comprobarlo, por ejemplo, con lo que llaman “males sin daño”, como es el caso de una persona que promete a su madre moribunda llevarle flores al cementerio si muere y, una vez muerta, no cumple su promesa. ¿Ha obrado moralmente mal? La madre no sufre ningún daño y, sin embargo, la mayoría de la gente está convencida de que está mal obrar así, pero no saben por qué. Y esta es la conclusión que sacan los expertos en cuestión: las gentes asumimos unas posiciones morales u otras sin saber por qué lo hacemos, nos faltan razones para apoyarlas. Cuando lo bien cierto es que en nuestras tradiciones éticas podemos espigar razones más que suficientes para optar por unas u otras, aunque se trate de cuestiones nuevas. Conocer esas tradiciones y aprender a discernir entre ellas es, pues, de primera necesidad para asumir actitudes morales responsablemente, para poder dialogar con otros sobre problemas éticos y para innovar.
Esto no se consigue en un día, por arte de birlibirloque, sino que requiere estudio, reflexión, diálogo abierto. Ese era el propósito de una asignatura, presente en el currículum de 4º de la Enseñanza Secundaria Obligatoria desde hace casi un par de décadas. Se llamó primero Ética. La vida moral y la reflexión ética, ahora lleva el nombre de Educación ético-cívica, y en su honor hay que decir que ha permanecido en su lugar a través de los cambios políticos. Sólo antes de que naciera se planteó el problema de si la ética era una alternativa a la religión, o si más bien era común a todos los alumnos, mientras que la religión quedaba como optativa. Afortunadamente, esta segunda fue la solución, y desde entonces ningún grupo social y ningún partido político han puesto en cuestión su presencia en la escuela.
Es lamentable, pues, que desaparezca en el Anteproyecto de ley orgánica para la mejora de la calidad educativa, cuando la calidad debería consistir sobre todo en formar personas y ciudadanos capaces de asumir personalmente sus vidas desde los valores morales que tengan razones para preferir, no solo en que los alumnos adquieran competencias y conocimientos para posicionarse en el mundo económico. Si se trata de “lograr resultados”, como dice a menudo el anteproyecto, ayudar a formar una ciudadanía responsable es un resultado óptimo y además es el único modo de contar con buenos profesionales.
Un buen profesional no es el simple técnico, el que domina técnicas sin cuento, sino el que, dominándolas, sabe ponerlas al servicio de las metas y los valores de su profesión, un asunto que hay que tratar desde la reflexión y el compromiso éticos. Justamente la crisis ha sacado a la luz, entre otras cosas, la falta de profesionalidad en una ingente cantidad de decisiones, el exceso de profesionales que utilizaron técnicas como las financieras en contra de las metas de la profesión, en contra de los clientes que habían confiado en ellos.
En un sentido semejante se pronuncia el economista Jeffrey Sachs al afirmar al comienzo de su último libro, El precio de la civilización, que “bajo la crisis económica americana subyace una crisis moral: la élite económica cada vez tiene menos espíritu cívico”. Y lleva razón, nos está fallando la ética, esa dimensión humana que no solo es indispensable por su valor interno, sino también porque ayuda a que funcionen mejor la economía, la política y el conjunto de la vida social. Hace falta, pues, en la educación una asignatura que se ocupe específicamente de reflexionar sobre los problemas morales, conocer las propuestas que nuestras tradiciones éticas han aventurado, y argumentar y razonar sobre ellas para acostumbrarse a adoptar puntos de vista responsablemente.
Claro que una modesta asignatura no basta, que no es la píldora de Benito que resuelve todos los problemas, pero una sociedad demuestra que una materia le parece indispensable para formar buenos ciudadanos y buenos profesionales cuando le asigna un puesto claro en el currículum educativo, no cuando la diluye en una supuesta “transversalidad”, que es sinónimo de desaparición. Y más si ese puesto es el que ahora tiene, 4º de la ESO, un momento crucial en el proceso educativo.
Una sociedad no puede renunciar a transmitir en la escuela su legado ético con toda claridad para que cada quien elija razonablemente su perspectiva, porque es desde ella desde la que podemos juzgar con razones sobre la legitimidad de los desahucios en determinadas ocasiones, sobre la obligación perentoria de cumplir los objetivos de desarrollo del milenio, sobre la injusticia de que las consecuencias de las crisis las paguen los que no tuvieron parte en que se produjeran, sobre la urgencia de generar acuerdos en nuestro país para evitar una catástrofe, sobre la indecencia de dejar en la cuneta a los dependientes y vulnerables. Es desde esa dimensión de todo ser humano llamada vida moral desde la que se decide todo lo demás, una dimensión que es personal e intransferible, pero tiene que ser también razonable.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
(Para ampliar la información pincha aquí).



También podemos ver el siguiente articulo.


El columnista colombiano Mauricio García Villegas nos relata... 


Ética de la responsabilidad


En una entrevista publicada en este diario, el senador Jorge Robledo reitera su idea de que Santos, Zuluaga y Uribe son la misma vaina, e insinúa que, por coherencia ideológica y en defensa de sus principios, no votará por ninguno de ellos.

En un país en donde la clase política no es fiel a nada, ni a nadie, las ideas de Robledo suenan bien, más aún viniendo de un senador comprometido y juicioso como es él. Pero a mí no me convencen. Robledo puede, por supuesto, votar en blanco. Lo que no creo que pueda es decir que lo hace por coherencia y rectitud ética. Me explico.

Según Robledo, un político recto es aquel que tiene claro cuáles son sus principios y que no negocia con ellos. Pero esta actitud tiene al menos dos problemas. En primer lugar, los fines políticos (justicia, libertad, desarrollo, igualdad, etc.) pueden ser claros en la letra (uno a uno), pero son difíciles de conciliar en la práctica. El desarrollo económico y la protección del medio ambiente, por ejemplo, son importantes en una sociedad. Pero no se puede lograr todo lo que se quiere de cada uno. Hay que elegir el mayor grado posible de desarrollo, compatible con el mayor grado posible de protección al medio ambiente. Esos grados son discutibles y uno debe negociar entre ellos.
El segundo problema es que la relación entre los medios y los fines políticos tampoco es clara, como bien lo explicó Max Weber en un texto célebre sobre la ética de la convicción de los santos y la ética de la responsabilidad de los políticos. Ni siquiera los santos pueden evitar el hecho de tener que optar, a veces, por ciertos medios indeseables para lograr fines valiosos (la mentira piadosa, por ejemplo). En el caso de los políticos, esto es aún más forzoso. Un político responsable puede verse abocado a ceder parte de sus principios o incluso a negociar con sus enemigos políticos con tal de evitar males mayores. Eso fue lo que hizo Mandela en Sudáfrica para acabar con el apartheid. Otra cosa es negociar para obtener fines personales. La ética de la responsabilidad nos exige afrontar las consecuencias de nuestros actos sin liberarnos de la exigencia que tenemos de justificar los medios que utilizamos.
Robledo nunca negocia, ni siquiera cuando de ello depende que gente humilde mejore las condiciones en las que vive. No lo hizo para defender el programa de restitución de tierras y no lo hace ahora, cuando su voto ayudaría a que la paz se consiga. Y siempre invoca la pulcritud moral de sus actos. Es cierto que hay ocasiones en las que hay que defender principios a toda costa, como ocurre cuando alguien se niega a torturar a un delincuente para obtener información que conduzca a la captura de sus cómplices. Pero este no es el caso de Robledo. Primero, porque apoyar a Santos no es un delito, y segundo, porque ese apoyo está encaminado a lograr la paz, que es un bien inmenso para este país. Un santo puede, en su lógica religiosa, ser fiel a sus principios, así ello implique que el mundo se derrumbe. Un político responsable, en cambio, no puede hacer eso y luego decir: “de malas, es culpa de este país, no mía”.
Un político responsable de izquierda (no sólo de izquierda) diría, creo yo, lo siguiente: prefiero pagar el costo de tener que apoyar a un presidente con el que tengo muchas diferencias, que afrontar las consecuencias (éticas) de contribuir a frustrar un proceso de paz que durante años, quizás décadas, cargará con miles de muertos. Por eso, voto por él, para que logre la paz, lo cual no me impedirá hacerle oposición en todo lo demás.
puedes expandir tu conocimiento en este enlace 



Ahora seguiremos viendo algunos cuentos infantiles y por qué no, para los grandes también?



1. El orejón

Era su segundo día de clase. Henry se sentó en el primer pupitre del aula, al lado de la ventana, como le recomendó su mamá. La profesora entró en clase y les dijo "buenos días". Hoy vamos a estudiar algunos animales. Comenzaremos con el asno, ese animal tan útil a la humanidad, fuerte, de largas orejas, y...

- ¡Como Henry!, la interrumpió una voz que salía de atrás del salón.

Muchos niños comenzaron a reír ruidosamente y miraban a Henry.

- ¿Quién dijo eso?, preguntó la profesora, aunque sabía bien quién lo había dicho.

- Fue Quique, dijo una niña señalando a su lado a un pequeñín pecoso de cinco años.

- Niños, niños, dijo Mily con voz enérgica y poniendo cara de enojo. No deben burlarse de los demás. Eso no está bien y no lo voy a permitir en mi salón.

Todos guardaron silencio, pero se oía algunas risitas.

Un rato después una pelota de papel goleó la cabeza de Tomás. Al voltear no vio quien se la había lanzado y nuevamente algunos se reían de él. Decidió no hacer caso a las burlas y continuó mirando las láminas de animales que mostraba Mily. Estaba muy triste pero no lloró. En el recreo Henry abrió su lonchera y comenzó a comerse el delicioso bocadillo que su mamá le había preparado. Dos niños que estaban cerca le gritaron:

- Orejón, oye orejón, no comas tanto que va a salirte cola como un asno, y echaron a reír.

Otros niños a su alrededor lo miraron y tocando sus propias orejas, sonreían y murmuraban. Henry entendió por primera vez, que de verdad había nacido con sus orejas un poco más grandes. "Como su abuelo Manuel", le había oído decir a su papá una vez.

De pronto se escucharon gritos desde el salón de música, del cual salía mucho humo. Henry se acercó y vio a varios niños encerrados sin poder salir, pues algún niño travieso había colocado un palo de escoba en los cerrojos.

A través de los vidrios se veían los rostros de los pequeños llorando, gritando y muy asustados. Dentro algo se estaba quemando y las llamas crecían.

Los profesores no se habían dado cuenta del peligro, y ninguno de los niños se atrevía a hacer nada. Henry, sin dudarlo un segundo, dejó su lonchera y corrió hacia la puerta del salón y a pesar del humo y del calor que salía, agarró la escoba que la trababa y la jaló con fuerza. Los niños salieron de prisa y todos se pusieron a salvo.

Henry se quedó como un héroe. Todos elogiaron su valor. Los niños que se habían burlado de él estaban apenados.

En casa, Henry contó todo lo sucedido a su familia, por lo que todos estaban orgullosos de él. Al día siguiente, ningún niño se burló de Henry. Habían entendido que los defectos físicos eran sólo aparentes, pero en cambio el valor de Henry al salvar a sus compañeros era más valioso y digno de admirar.


FIN

Cuento de Álvaro Jurado Nieto (Colombia)


2. El niño y los clavos


Había un niño que tenía muy, pero que muy mal carácter. Un día, su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma, que él clavase un clavo en la cerca de detrás de la casa.
El primer día, el niño clavó 37 clavos en la cerca. Al día siguiente, menos, y así con los días posteriores. Él niño se iba dando cuenta que era más fácil controlar su genio y su mal carácter, que clavar los clavos en la cerca.
Finalmente llegó el día en que el niño no perdió la calma ni una sola vez y se lo dijo a su padre que no tenía que clavar ni un clavo en la cerca. Él había conseguido, por fin, controlar su mal temperamento.
Su padre, muy contento y satisfecho, sugirió entonces a su hijo que por cada día que controlase su carácter, que sacase un clavo de la cerca.
Los días se pasaron y el niño pudo finalmente decir a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca. Entonces el padre llevó a su hijo, de la mano, hasta la cerca de detrás de la casa y le dijo:
- Mira, hijo, has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de esta cerca, pero fíjate en todos los agujeros que quedaron en la cerca. Jamás será la misma.
Lo que quiero decir es que cuando dices o haces cosas con mal genio, enfado y mal carácter, dejas una cicatriz, como estos agujeros en la cerca. Ya no importa tanto que pidas perdón. La herida estará siempre allí. Y una herida física es igual que una herida verbal.
Los amigos, así como los padres y toda la familia, son verdaderas joyas a quienes hay que valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan, comparten una palabra de aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte.
Las palabras de su padre, así como la experiencia vivida con los clavos, hicieron con que el niño reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

3. Pedrito, el caracol y la babosa


Pedrito era un pequeño caracol de bosque que deseaba encontrar a un amigo o amiga. Caminó y caminó hasta llegar a un huerto. Allí había unas babosas que se rieron de su caparazón.
Pedrito, triste, se ocultó en su caparazón. Tras unos cuantos días descansando, llovió, y Pedrito salió dispuesto a irse a vivir a otro lugar, pero al sacar la cabeza vio a una pequeña babosa que se había asustado al verlo.
- No te asustes, sólo soy un caracol.
- Pero, pero eres muy extraño, ¡llevas una piedra encima de tu cuerpo! –dijo temblando la babosa.
- No, no es una piedra, se llama caparazón, es mi casa. Cuando tengo frío o llueve mucho me escondo dentro y me siento mejor.
- Pues me gustaría tener un caparazón como tú. ¿Cuándo me crecerá?
- Tú eres una babosa y vosotras no tenéis caparazón, pero si quieres podemos intentar encontrar uno vacío.
- Me gustaría mucho, dijo la babosa pequeña dando saltos de alegría.
Los dos amigos se pusieron a buscar por todo el bosque y finalmente debajo de la hojarasca encontraron un caparazón precioso, con una espiral dibujada, pero le iba tan grande, que decidieron buscar otra.
Al cabo de un buen rato encontraron un pequeño caparazón, pero era tan menudo que la babosa no cabía de ninguna de las maneras. Se puso tristísima y el pobre Pedrito no sabía qué hacer para que parase de llorar.
Finalmente se le ocurrió una brillante idea:
- Podríamos compartir mi caparazón, dijo Pedrito para consolar la babosa.
- ¿De verdad harías esto por mí?
- Pues claro que sí. Eres mi amiga. Se hizo de noche y los dos compañeros se pusieron a dormir, el caracol se acurrucó al fondo del caparazón y la babosa cupo perfectamente.
- ¡Buenas noches! dijeron los dos a la vez.
FIN
Cuento de Natalia Pons Roussel (España)


puedes revisar otros cuentos maravillosos como estos en el siguiente enlace: cuentos que hablan de valores



Actividad:


Coloca frente al concepto la letra que corresponde a su  

definición: 1.Durabilidad A. Los valores cambiaron las  

necesidades y experiencias de las 

personas.


2. Integridad  B. Los valores se reflejan en el 

transcurso de la vida.



3. Flexibilidad C. Generan satisfacción a las 

personas que los practican


4. Satisfacción D. Todo valor se presenta en sentido 

positivo y negativo; todo valor conlleva un  
contra valor.



5. Polaridad E. Cada valor es una abstracción 

integra en sí mismo, no es divisible.


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webgrafía 



Evaluación

En el siguiente enlace te presentamos un pequeño test para que pongas a prueba lo que leíste y aprendiste aquí. 

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